¿Podemos qué?

¿Podemos qué?

Vayan por delante mis disculpas por estos meses de silencio. He estado ocupado en algo que merecía mucho la pena afrontar. Sí, soy así. Me cuesta hacer varias cosas a la vez. Será cosa del género masculino, ¿no? Así que preferí evitaros via blog un tsunami de hipersensibilidad que habría resultado demasiado hasta para mi. El caso es que aquí estoy de nuevo. A ver si no me vuelve a dar la pájara. Aunque no lo aseguro. Tiempos intensos, éstos que vivimos.

Y sino que se lo digan al bipartidismo. Un nuevo partido, Podemos, ha decretado su sentencia de muerte. Bueno, yo creo que más bien ha decretado el fin del PSOE. Como una tuneladora el nuevo partido nacido al calor del 15M está minando las bases del viejo partido socialista. Hay que decir que los socialistas se lo han puesto más que fácil. El caso es que el nuevo partido -novísimo- puede que bata todos los récords. Podría ser que a menos de un año de su constitución entren en tromba en las instituciones e incluso las gobiernen. Y no parece que nada pueda impedirlo. El Partido Popular está intentando construir un muro a base de amenazas sobre el colapso del Estado si el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, llega al poder. Aunque no es difícil observar la media sonrisa que se les escapa a los dirigentes del PP cuando comprueban que primero colapsará el PSOE si los llamados bolivarianos triunfan. En España no hay espacio para dos grandes partidos de centro izquierda. Si, digo bien centro-izquierda. Porque en realidad Podemos va a virar de tal manera en sus propuestas que no va a ser otra cosa que la refundación del PSOE pero sin el PSOE. Tan paradójico como esteril. Para España claro.

Como decía ese muro que está construyendo el Partido Popular tiene una argamasa muy particular. La identidad y la unidad de España. Estoy convencido que en los próximso meses el PP y toda su artillería mediática van a centrar su potencia de fuego en acusar a pablo Iglesias y a Podemos de tibios con el problema catalan. Es más, incluso el PSOE atolondrado con las encuestas que lo situan en tercera fuerza, se sumará a ese discurso con desesperado entusiamo. Y Podemos, que no es otra cosa que el partido del ajuste de cuentas con la casta española, tendrá que rebajar su radicalidad democrática con cargo a las aspiraciones de una inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas de Catalunya que pretendemos solucionar el conflicto votando en las urnas.

De hecho, Podemos ya está desdiciéndose en este asunto. Y sin ningún escrúpulo. Saben bien dónde están sus prioridades y no las van a poner en peligro por culpa de esta esquina del mundo que es Catalunya. Pueden decir que España mañana será bolivariana, incluso que van a nacionalizarlo todo y que guillotinaran a la casta a los cinco minutos de gobernar. Todo estará bien en este ajuste de cuentas programado al que se han lanzado una parte importante de los españoles hartos de que se rían en su cara los mismos evasores, jetas y corruptos  que les han impuesto brutales sacrificios personales y sociales para salir de la crisis. Eso si, ojito con el tema catalán. Aquí mejor ir con pies de plomo que puede restar votos. Decepcionante. Muy decepcionante. Paso por lo del hiperpersonalismo de Pablo Iglesias, España es un país de caudillajes. Paso por lo de controlar las bases para que sus círculos municipales  no se conviertan en un coladero de oportunistas, eso si es un aparato. Y paso por lo de crear un sindicato hermano, aunque las correas de transmisión sean un anacronismo leninista. Por donde no paso es por comprobar que este partido recién nacido, sin lastres, plagado de politólogos y teóricos de lo público no sea capaz de aportar al proceso catalán más que un alarde de retórica hueca, vacía y carrinclona perfectamente identificable con la que nos ha referido el PSOE durante décadas.

Por eso no me gusta Podemos. Reconozco su eficacia a la hora de dibujar el contorno de la casta. Pero no puedo con su actualización del leninismo y encima que nos la hagan pasar por social y políticamente innovadora. No veo sus soluciones, solo oigo palabras que sólo sirven para acusar y desmontar. ¿Ilusión? Más bien veo venganza. Y aunque hay motivos sobradísimos para el cabreo monumental, es el momento de reconstruir asegurándose que que en esa construcción no arrasamos con todo lo bueno que hay.  Les falta la humildad que le exigen a los que combaten. Les sobra ego y complejo de superiodidad. Espero equivocarme pero ahora Podemos me resulta una mezcla entre despotismo ilustrado y santa inquisición con rasgos mesiánicos que me producen escalofrios.  Vale que Podemos. ¿Pero Podemos qué?

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