Mi bigote y yo

Mi bigote y yo

Se han acabado las vacaciones y para celebrarlo me he dejado bigote. No he podido evitarlo. A parte de dos amigas incondicionales, a nadie más le gusta. Un rotundo NO-NO se ha impuesto en mi entorno social. Sin compasión me afean la decisión con argumentaciones variadas y sin un ápice de cortesía me lo transmiten como si imperara un extraño deber de decirme que el bigote no hace para mi. Algunos incluso pretenden negociar conmigo el tamaño, la forma y también el periodo de tiempo que éste presidirá mi cara. Eso sí, todos y cada uno de los repentinos asesores de imagen que me he agenciado gracias al bigote, lo hacen desde la mejor de las intenciones y con el objetivo indisimulado de que mi relación con el sexo femenino no merme, como si eso pudiera ir peor aún.

Al final, me parece que todo esto son excusas, elegidas de un repertorio inmenso, para decirme de una manera directa y solidaria que el bigote no me conviene.  Y yo me pregunto. ¿Pero cómo lo saben? ¿Cómo pueden estar tan seguros? y lo más curioso ¿quién les ha pedido su opinión?? No me entendáis mal, no me molesta nada que me informen de sus criterios estéticos. Aunque como hizo mi amiga y compañera de asignatura en la facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB, María Forga, me comparen con un actor de cine mudo. Fue genial y además tuvo la delicadeza de hacerlo a través de la privacidad de un mensaje directo de twitter. También fue delicadísima la especialista en comunicación de marca personal, Alexia Herms, de la que supe su opinión a través un entrañable chivatazo de Guillem Recolons, un crack del branding personal, que no pudo reprimirse y me trasladó que la opinión de su colaboradora en www.soymimarca.com no era nada favorable.  Pero soy fuerte y lo aguanté sin desmoronarme.

Otra de las cosas curiosas de haberme dejado este prominente bigote, es el tropezón que me he dado con el término “hipster“. No niego que lo había escuchado en alguna conversación y visto en algún twit. Pero nunca nadie me había atribuido semejante distintivo, aunque tengo que reconocer que lo de ‘modernillo de mierda’ que es lo que parecer que ser, significa el “palabro”  tenía más de ironía que de descripción. No hay más que verme. En todo caso, quedé perplejo por el hecho de que algo para mi tan clásico y retro, podía interpretarse en la actualidad como una modernez. Si  el bigotudo de mi abuelo levantara la cabeza…

Ahora sólo me queda saber cuánto resistiré la presión ambiental. Durante cuánto tiempo este bigote que hoy por hoy me encanta y que ha conseguido ser motivo de cierta agitación en mi entorno, que por lo que veo y me satisface, es muy sensible a todos aquellos cambios que produzco, sobretodo si los hago de manera que se noten y acarren consecuencias. A lo mejor me equivoco pero diría mi bigote ha venido para quedarse una buena temporada. Por lo menos hasta el 9 de noviembre de este año y depende de cómo acabe ya se verá. Además no se me ocurre qué tipo de presión puede ejercer mi entorno para que una maquinilla lo envíe al otro barrio. Bueno, sí lo sé, pero no pienso decirlo.

Un abrazo y hasta el próximo post.

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