Marketing para papás divorciados

Marketing para papás divorciados

Falta menos de media hora para que sean las 00:00 del 6 de enero de 2015: Día de Reyes. Precedido por la  Noche de Reyes, la gran noche de la magia. Un truco inmenso basado en una deliciosa ilusión colectiva. Y por eso, por que es colectiva, no tiene ninguna trascendencia el engaño. Es más, ay de aquel que no sucumba a este prodigio teatral masivo en que cada uno cumple con su  papel a la perfección, incluso los niños que deambulan entre la razón y la emoción asiéndose con fuerza al prodigio de su imaginación. Las palabras: magia e ilusión. Es en ellas dónde radica el misterio, al menos en parte, de la construcción de las relaciones, en general y en particular de las relaciones entre padres e hijos. Lo he vivido con los míos.

Yo soy un padre divorciado. Somos legión. Llevo casi 6 años ‘separado’ de Gabriel y Aitana. Y aunque puede escandalizar lo que diré, estoy convencido de que el divorcio me hizo mejor padre. O por lo menos me dió la oportunidad de pensar sobre mi relación con ellos, de tener la necesidad de defenderla, construirla y proyectarla. El miedo a perderlos activó todos los mecanismos -mis mecanismos- que desde entonces no han hecho otra cosa que intentar crear las condiciones para que el vínculo entre ellos y yo se basara en algo más, mucho más, que en el puro acontecimiento biológico. Por experiencia sé que eso a la larga no es suficiente. Los primeros años de vida, dicen, es cuando se asientan maneras de ser y se establecen los lazos más fuertes. Lógicamente están basados en la presencia, el cuidado y el amor. Pero tengo la convicción de que también se consolidan esos lazos a través de las emociones compartidas. Las emociones más intensas, perdurables y también pedagógicas.

Me pongo a escribir este post porque ha llegado el momento.  Llevo mucho tiempo, quizá demasiado dándole vueltas a la idea de compartir con quién quiera hacerlo, todo lo que aprendí o por lo menos me sirvió en la construcción de la sólida, emocionante y  plena relación que hoy en día tengo con mis hijos. Quiero explicar con honestidad y humildad de qué manera usé lo que tenía más a mano, la comunicación, la creatividad, el storytelling y el marketing para ponerla al servicio de la campaña más importante, sin duda, que jamás nunca pensaré: conseguir que los vínculos entre mis hijos y yo sean fuertes, se basen en desear estar y no en lo que diga un convenio regulador. Esa es una tarea que no acaba nunca, soy muy consciente, pero por suerte me di cuenta de que no podía esperar a que la biología hiciera su trabajo -si es que lo hace- tenía que pasar a la acción y construir un relato, nuestro relato particular de vivencias personales, emociones inolvidables y diversión educativa para que ellos quisieran estar conmigo y convertirme además en un padre singular, original, con mi propia marca. Una especie de DaddyBranding, con permiso de mis amigos de @soymimarca .

Por eso, inspirándome en las tradicionales fantasías colectivas como los Reyes Magos, El Tió y también otras como el Ratoncito Pérez, decidí crear un universo particular que se conviertiera en nuestro patio de recreo que es, como todo el mundo sabe, el lugar donde nacen los primeros y más auténticos vínculos de amistad y donde se viven las primeras aventuras. En ese patio empecé a jugar a un juego nuevo, lleno de personajes con los que hemos viajado por todo el mundo y que han servido para canalizar aprendizajes mútuos. Donde yo he encontrado mis propias respuestas y las de muchos padres, generalmente hombres, que nos hemos tenido y tendrán que enfrentarse a aquello de : hoy tengo niños, ¡¡¿¿qué hago??!!; mis hijos piensan que soy un rollo; así no se puede ser padre; quieren más a su madre, y tantos otros pensamientos que se acumulan tumultuosamente en la mente de un padre divorciado que como todos, tiene hijos que vienen sin manual de instrucciones.

Feliz Día de Reyes!!

Próximo post: ¿Y ahora cómo hago de padre?

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