LLÁMAME, NO ME ENVÍES UN WHATSAPP

LLÁMAME, NO ME ENVÍES UN WHATSAPP

¡¡Pero llámame!! Ya…te parece demasiado intrusivo. ¿Y si te cuelgo? ¿Y si no te lo cojo? ¿Y si es un mal momento? Qué te hace pensar que lo será para una llamada y no para una frase breve escrita con algo de gracia. No te das cuenta que no hay texto, ni vídeo ni foto ni meme que pueda competir con tu voz… No me vas a decir que no tienes una de esas tarifas planas que casi te pagan por llamar. ¿A que no? Pues entonces llámame, no me envíes un whatsapp. Lo prefiero, porque me gusta escuchar lo que me tengas que decir de tus propios labios. No quiero que me atiborres de emoticonos para asegurarte que interpreto adecuádamente un texto que se me amotina en una pantalla  repleta de avisos. Si quieres que lo pille, dímelo tú, pero tú tú, no tú en una microfoto que casi ni se sabe que eres tú.

¿Te da vergüenza decirmelo cara a cara? Vale, no hay problema, pero por lo menos llámame. Atrévete a contarme lo que sea pero que sea con tu cálida, abrupta, carraspeante, nerviosa, ágria, afónica, temblorosa, chillona, la que sea que tengas ese día, pero al fin y al cabo tu voz. No me conformo con el sonoro aviso de mi móvil anunciando tu entrada en escena, quiero que el aviso sea de llamada y que cuando descuelgue se oiga triunfal un ‘hola que ase’ y luego ya me sueltas las malas noticias.

No te escondas, por favor que no es necesario. Somos amigos, conocidos o saludados, que escribiera Josep Pla, pero no ‘whatsappeados’. Dirígete a mi de frente y no me circunvales con un texto de esos que escribes a base de abreviaturas crípticas, frases a medio teclear y palabras que se escriben con h aunque tú y tu teclado os empeñéis en escribir sin. ¿Qué quieres que piense? ¿Qué no sabes que humor se escriben con h? ¿Que vendrá después? ¿Intentar que crea que eres un insumiso ortográfico como García Márquez? No cuela así que llámame que las palabras dichas no incumplen ninguna regla, sobretodo si me las dices con ese acentillo andaluz de Cádiz, o català de l’Empordà o mejor aún, si lo haces con ese indisumulado barceloní que lo mismo me seduce por Joana Raspall que por Miguel Poveda.

Lo que tú quieras, pero por favor, no me envíes un whatsapp más si no es absolutamente imprescindible. Vaya, a menos que no quieras conservar nuestra bonita, profunda, aunque un poco aturdida amistad. Ostras!! se me olvidaba, no me van nada los escarceos por teléfono, ya me entiendes… No me tomes por un tipo poco moderno, lo que pasa es que no le acabo de encontrar la gracia a esto de ‘ponerse’ a base de mensajitos subidos de tono. Te compro aquello de ‘prepárate que cuando llegues a casa te voy a dar lo tuyo’, pero la faena en vivo, virtualidades las justas y en esto sobretodo. Para probar una vez si, más no.

Y para que veas que voy en serio, la primera o el primero de mis amigos y amigas que después de leer este post coja el teléfono para decirme que está encantado o encantada de llamarme, tiene un menú (la cosa no da para más) pagado en un sitio que yo me sé. La segunda y la tercera llamada tendrán sus correspondientes accesits en forma de sendas cervecitas Moritz

Nos vemos o nos hablamos, pero mensajes los justos y necesarios. Besos…

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