Empresa y personal branding: gestión de personas es gestionar identidades

Empresa y personal branding: gestión de personas es gestionar identidades

Mi empresa debería contratar un especialista en Personal Branding para que todos los que trabajamos en ella fuéramos conscientes de lo necesario que es tener una marca personal propia. Para dejar de ser un simple recurso humano que entrega su tiempo y conocimientos a cambio de un salario. Para dejar incluso de ser sólo una persona comprometida con los objetivos de negocio que nos ha marcado la dirección de la compañía. Y sobretodo, para hacer que deje de pensar que la administración de las personas pasa estrictamente por su integración exacta en el engranaje organizativo y su conversión en una pieza más en un universo uniforme, preciso y debidamente liderado. Como si las organizaciones fueran tan uniformes y precisas; como si los recursos humanos se pudieran gestionar como un ejército de clones y como si el liderazgo fuera tan nítido y eficiente. Como nada de eso es así, no queda más que aprovechar la oportunidad que para cualquier empresa representa la diversidad de identidades personales, de proyectos individuales y recorridos singulares que residen dentro de ella y que deben sumar cualitativamente.

Se invierte a duras penas en su formación y siempre orientada a la mejora de sus habilidades profesionales en función de sus objetivos de negocio. Se las estimula, cada vez menos, con incentivos económicos también vinculados a la consecución de un determinado nivel de  beneficios. Incluso se les puede planificar una cierta carrera profesional en el seno de la empresa. Pero nunca o en contadas ocasiones se estimula los ejecutivos, mandos intermedios o trabajadoresa que desarrollen su propia identidad en el marco de la empresa, a que exploten vitalmente dentro de la organización como sólo ellos puede hacer. En definitiva, pocas veces se les invita a ser ellas y ellos mismos, y a serlo en todos los campos en que la persona se proyecta, en el laboral y profesional también.

¿Qué es lo que pueden perder las empresas? ¿Qué clase de riesgos inasumibles puede correr una organización que dedica esfuerzos a que sus empleados aboquen con plenitud su singularidad? ¿Qué es preferible: una organización de recursos humanos idénticos y por tanto alienados o una que incorpora todo aquello que cada persona por si misma puede aportar?  Sé que puede sonar ingenuo y que alguno pensará que una organización así es ingobernable. Sinceramente creo que la identidad personal si realmente se expresa libremente y con honestidad abre un inmenso campo de negociación que enriquecerá el proyecto colectivo al que sirva. Suma compromiso neto desde el reconocimiento del papel que cada persona puede jugar, debe ejercer y quiere desarrollar. En definitiva, convierte a las organizaciones en entidades verdaderamente vivas, adaptables a la realidad y por tanto de éxito.

Por eso quiero que mi empresa contrate a un personal brander, a uno de esos ‘magos’ que provocan tu propia toma de conciencia y además construyen contigo una estrategia de marca para que prevalezca tu voluntad personal en este mar de incertidumbres. Un brander que se dedique conseguir que cada una de las marcas personales que residen sin saberlo y sin que se les reconozca en una empresa, puedan ponerse en funcionamiento al servicio de la organización y de sus objetivos.

Un brander que haga entender que esas marcas personales tienen que tener una dimensión pública que lejos de distorsionar el mensaje de la empresa, puede enriquecerlo y dotarlo de mayor credibilidad y profundidad gracias al papel de nexo que pueden ejercer aquellos que optan por dejar de ser clones para convertirse en ellos mismos y ponerlo al servicio de los fines que para ellos tienen sentido, su causa o su trabajo.

Porque gestionar personas también es gestionar identidades.

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