Ahora es cuando se raja (Artur Mas)

Ahora es cuando se raja (Artur Mas)

Llevo escuchando esta frase hace más de un año. En cada uno de los momentos en que Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya tenía que tomar alguna decisión sobre el llamado ‘Procés’ para la independencia de Catalunya, se oía una vocecilla así como de fondo que decía: “ahora es cuando se raja”. O en algunas de sus acepciones sucedáneas.

Empezó con la decisión sobre la fecha y la pregunta. Después sobre si finalmente firmaría el decreto de convocatoria o no. También cuando parecía que iba a dejar la gestión de la consulta en manos del Pacte Nacional Pel Dret a Decidir y ahorrarse la querella de la tropa de abogados del Estado. No parece que este hombre pueda hacer nada para que muchos le crean cuando dice que va en serio es esto de la independencia de Catalunya. Y la verdad es que aunque duela, no lo ha hecho. No se ha rajado.

Yo entiendo que muchos no confíen en el presidente de los recortes sociales, del hurto de las pagas extras a los empleados públicos y de algunas privatizaciones públicas. Y que lo combatan en la medida que ha tenido que afrontar una situación económica penalizada por partida doble: de un lado por la propia crisis económica que merma la administracion de ingresos fiscales y por otro, debido al evidente maltrato del gobierno del Estado que discrimina a Catalunya  en inversión publica e incumple los compromisos de financiación pactados. Lo entiendo, de verdad.

Lo que me cuesta un poco más es que después de todo el camino hecho en el “Procés”, aún no se acabe de confiar en su determinación. No lo entiendo. Me tienen que explicar algunos de los independentistas más ‘hiperventilados’ en qué favorece al proyecto independentista que se debilite políticamente al Presidente de la Generalitat, uno de los tipos que más profundamente enoja a los poderes del Estado y sus aledaños. Guste o no, por el momento es uno de los principales activos que tiene el proceso y parece que eso molesta.

Resulta exasperante el escaso sentido práctico que tienen algunos de los más radicales y puros independentistas en Catalunya. No parecen darse cuenta del país en el que vivimos ni de las dificultades que debemos afrontar para convertirnos en un nuevo Estado de la Unión Europea. Aún no se han dado cuenta de que no habríamos llegado tan lejos ni nos podríamos plantear recorrido alguno de ahora en adelante si al frente de este historia no hubiese alguien con capacidad para medir los tempos, agotar todas las vías posibles de entendimiento con el Estado, para entender que la negociación es básica y que el país no son sólo los millones de personas que han salido a la calle en estos años a pedir la independencia sino también esa corona metropolitana de Barcelona repleta de ciudadanos que se miran lo que está ocurriendo con una cierta inquietud.

No sé, pero  a mi me parece que Artur Mas se ha ganado por lo menos el beneficio de la duda. A lo mejor su independentismo no le viene de rancio abolengo, tampoco el de la mayoría de los que lo somos, y que es de un partido que durante décadas ha hecho de la ambigüedad su casa. Pero no creo que nadie pueda, si no es desde la mala fe o el sectarismo más esteril, acusarle de no estar a la altura, sobretodo cuando ha sido más necesario y más cerca ha estado el Proceso del abismo.

Aunque sólo sea por la querella que el Estado le ha regalado por desobedecer al Tribunal Constitucional, algunos deberían moderar sus comentarios. Pero vaya, que esto es Catalunya y como dice Albert Sánchez Piñol en su libro Victus: “lo catalanes como todos los pueblos del mundo, creemos que tenemos la razón, pero a diferencia de todos los pueblos del mundo, pensamos que como la tenemos nos la van a dar“. Así funcionamos y como no cambiemos y seamos capaces de inundar nuestra política de todo el sentido práctico con el que inspiramos nuestros negocios, esto tendrá todas la dificultades lógicas y además las que nosotros mismos colocaremos en el camino hacia la Libertad.

Nota: Sé que a muchos de los que lean este post les va a extrañar mi opinión. Lo entiendo, pero si no lo digo reviento.

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